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En esta sección quiero verter mis opiniones, o simplemente compartir mis pensamientos como artículos, comentarios, etc...

Artículo 9 - Carta de Navidad

Quiero ser Rey...


   Queridos Todos:

   Como hoy me siento rey, ese es mi deseo, todo esto querría ser:
 
-Rey (lo escribiría con mayúscula, aunque no iniciara la frase) de mi hogar. Eso no es difícil, ya que éste está lleno de princesas y/o reinas...
-Rey de las finanzas.
-Rey de la economía en general.
-Rey de la política.
-Rey de la cultura.
-Rey del orden social.
-Rey de la solidaridad. Esa racional, escasa, solidaridad...
-Rey de los valores fundamentales de la persona.
-Rey, valedor, de los derechos de las personas.
-Rey, ejecutor sin absolutismo, de las obligaciones de las personas.
-Rey de la Naturaleza. Con reservas, ya que el rey de la selva es el león,el de
nuestros campos es el ciervo y yo ni tengo melena, ni soy un elegante astado como el último...
-Rey del mundo de la Pipa.
-Rey de los que necesitan.
-Rey de los que sufren.
-Rey de los que quieren o aman. Yo no creo en el amor, soy demasiado pragmático, pero tengo fe ciega en las amistades especiales, íntimas, cómplices...
-Rey de la amistad, de vuestra amistad...
 
    Me conformaré con ser yo mismo y desear que todos y cada uno de vosotros seáis reyes de cuanto queráis.
   
    Feliz Navidad 2009.
 
    Un fuerte abrazo,
 

23 de diciembre de 2009.                                                               


Irina Shutova

Pintura de Irina ShutovaPintura sobre un canto rodado

Irina Shutova es una pintora rusa que recaló en Argentina durante un tiempo, donde conoció a Luis Parra, argentino, su marido. Hace algún tiempo que vive en España, en Roquetas de Mar (Almería), allí da rienda suelta a su arte, sobre lienzo, sobre papel y también sobre la piedra.

Me encontré a ambos en la calle, donde exponían las obras de Irina sobre pequeños cantos rodados y no pude reprimir iniciar conversación. Tras un buen rato de charla, les di una de mis tarjetas donde viene mi página web y quedé en volver a verlos. Dos días después hice por verlos y me sorprendió lo que Irina me tenía preparado: una de sus pinturas sobre mis pipas y mi web. Me hizo ilusión y como cualquier pipa, enseguida pensé en adoptarla...

         Septiembre de 2008.


Artículo 8

Parte de mi ayer...


La pipa como parte de mi ayer
 
Ayer fue día 17 de noviembre y podía haber sido un sábado más, pero un mensaje cambió mi ánimo. Mi buen amigo Pepe Antón, avezado aunque ocasional fumador de pipa, me recordó, en un artículo emotivo, que hacía años que la mala fortuna se había llevado a Enrique Urquijo, alma mater del grupo musical Los Secretos.

No me gusta que ninguna de mis pipas sea refugio en los casos de tristeza, nostalgia y hasta melancolía. No merecen aguantar las caprichosas, pero inconscientes, fluctuaciones de mi estado de ánimo. Aunque es cierto que alguna vez he dicho y hasta escrito que no hay fumador de pipa que no sea feliz(1), todos tenemos momentos bajos de forma.

Ayer, después de escuchar unas canciones de Urquijo, me refugié en una de mis pipas. Una Viprati compartió algo más de una hora de esa tristeza y nostalgia que antes comentaba. Fue por culpa de Pepe, pero también tengo que reconocer que gracias a él. Lo positivo de la experiencia es que me encontré con el recuerdo y éste me hizo evocar pasados sentimientos. Reconozco que algunos de esos pasados sentimientos pretendo hacerlos mi presente y mi futuro.

Puse en práctica, haciendo utilización de la Viprati, que no compartiendo fumada con ésta, aquel método que un poeta inédito, Gonzalo de Leitza(2), me enseñó. Gonzalo me dotó de la herramienta, más metafísica que otra cosa, para sentir amor fumando en pipa. Me vino a la cabeza, mientras daba cumplida cuenta del método, la letra de una canción de Urquijo, “Demasiado tarde”(3). Una canción de ruptura, para asumir que tiempos pasados, en lo que a amor se refiere, no pueden volver, no se pueden revivir. Demasiado tarde para evocar viejos sentimientos, dando por hecho, como reza la canción, que es más fácil que nieve este próximo verano o que por la noche salga el sol, que revivamos viejos pasados y con ellos sintamos amor. Yo que soy un pragmático nostálgico aun lo pretendo.

Habría ganado cualquier campeonato de fumada lenta, algo más de una hora con la pipa medio lleno o quizás medio vacía, todo un record. Estuve abstraído, con los sentidos abolidos, salvo el gusto y tacto. Saboreando el tabaco americano y sintiendo la madera y sus imperfecciones entre mis manos. Ayer no fume en pipa, queme tabaco en una de ellas, me faltaba esa comunicación que suelo tener con mis pipas. La culpa la tuvo Pepe, porque leyendo su artículo hizo que me emocionara y que mirase al pasado. Le respondí con un mensaje haciéndole saber que no podía reconocer públicamente mi emoción, ya que los hombres no nos emocionamos, ni lloramos y mucho menos tenemos sentimientos. No le podía reconocer que si cojo la máquina del tiempo y me traslado al pasado y además comparto esa regresión con una de mis principales aficiones, me vuelvo sensible.

Se me plasma una imagen en la retina, que como tantas otras dejan su huella de manera perpetua. Vuelvo a ver, aunque sea en sentido figurado, en una cafetería tipo parisina, a mis amigos, aquellos que compartieron adolescencia, alguno de ellos empuñando también una pipa. Fumábamos Borkum Riff y yo por entonces tenía el corazón ocupado. Era la inglesa(4), mi primer amor, a quien le dedicaba mis manos y mi boca, amén de aquellas otras que requerían de mis brazos y cautivaban mi corazón. Es imposible olvidarlo, ya que todos esos recuerdos marcan mi vida, como la escoria llena el hornillo de la pipa muy fumada. Nunca sabe, uno mismo, cuando llega el momento de desescoriar el hornillo de su vida...
 

             Noviembre de 2007.

 

1-En mi artículo “Fumar en pipa alarga la vida”, febrero de 2007.
2-Hablo de él en mi artículo “Pipa, poesía y amor”, julio de 2007.
3-Canción de Enrique Urquijo, 1998 Su letra: “Puede ser que nieve este verano/y que por las noches salga el sol/todo es más posible a que volvamos/a sentir amor.
Puede que en la acera salgan flores/y que el tiempo pare en tu reloj/eso no te evitará que llores/sin una razón.
Y aunque nunca digas lo que sufres/y aunque nunca sufras lo que yo/puede que me odies pero no me juzgues/si te digo adiós.
Puede estar lloviendo año tras año/en algún lugar del corazón/y que colecciones desengaños/en frascos de alcohol.
Puede que recuerdes muchos días/y lo que dije ayer escuches hoy/demasiado tarde para nuestras vidas/porque ya me voy.”

4-Lo relato en mi artículo “Aficiones, pasiones, anécdotas y la pipa”, junio de 2007.


Artículo 7

Pipa con hornillo cuadrado


Yo inventé la pipa de hornillo cuadrado

Creo que fue Voltaire quien dijo: “Yo, como Don Quijote, me invento pasiones para ejercitarme”. Pues yo, haciendo de quijote, ese papel que tan bien desempeñamos los soñadores, he creado mi pasión: la pipa de hornillo cuadrado. Vive Dios que me ejercito, al igual que cultivo la pasión.

No me consta que la pipa de hornillo cuadrado tenga un inventor conocido, y por ello me voy a adjudicar la autoría provisional hasta que alguien la reclame.

Yo nunca había tocado una, la había visto en mi imaginación y la había disfrutado en mis sueños. Una pipa en forma de cubo, recta, con el anillo de plata y con el hornillo cuadrado. ¡La revolución de la pipa! Soñaba con poseerla pero no sabía como conseguirla. Pensé en comprar un escalaborne y darle la forma, no sería especialmente complicado (la primera pipa que elaboró el “gran gurú” de la Pipa, Paco Duque, tenía esa forma cúbica y me dijo que fue sencilla su elaboración). Algún mes después pensé en Segimón Baulenas, conocido Artesano catalán, de los de siempre, al que le hice la “proposición deshonesta” de fabricar una pipa con el hornillo cuadrado.

Fumar una de estas pipas es una experiencia completamente distinta. Dentro de mi andadura en el mundo de la pipa hay un antes y un después. Con las pipas de esta particular forma de hornillo se disfruta más el tabaco. La superficie de combustión es mayor que en la mayoría de hornillo convencional y por ello el tabaco sabe distinto, ni mejor ni peor, aunque yo lo prefiero.

Otro de los factores que me gusta de estas pipas es su exclusividad, no te encontrarás a nadie que empuñe una como la tuya. En este mundo de la pipa hay varias fases, una primera en la que adoptas cualquier tipo de pipa, una posterior en la que las adquisiciones se reducen a pipas de marcas selectas y formas que vayan completando tu particular colección, la última en, la que me encuentro, en la que solo me procuro pipas con cierta exclusividad, o elaboradas para mí, totalmente exclusivas.

Con las pipas de hornillo cuadrado utilizas más cantidad de tabaco, y la combustión es ligeramente más rápida. Es importante que estas pipas tengan gran capacidad, ya que de otra manera, en poco tiempo habremos acabado nuestra idílica fumada. El calificar de idilio una fumada con una pipa de hornillo cuadrado no es en vano, ya que es una fumada que enamora, te engancha...

Una pasión que ejercito siempre que quiero disfrutar sin mirar al reloj, desgraciadamente pocas veces, pero que no dejo pasar la ocasión. La penúltima vez fue en Cádiz, sin compañía, ya que como buen fumador de pipa soy solitario, no me gusta compartir el placer de una fumada y soy enormemente pudoroso como para mostrar en mi rostro ese goce. Un atardecer, cerca de un faro y de unas ruinas, quizás de morada de pescadores que fueron testigos de aquella fumada de una de mis Sigmund de hornillo cuadrado. No será la última vez, lo juro...

         Septiembre de 2007.


Artículo 6

"Un hombre que no se alimenta de sus sueños, envejece pronto." (William Shakespeare)


La pipa y los sueños

En más de una ocasión una de mis pipas ha formado parte de alguno de mis sueños. Con ellas he soñado despierto, he dormido soñando y fumado soñando. Me consta que han incitado a soñar a más de uno con tenerlas en sus manos. Más de una ellas han despertado envidia entre otros fumadores, es uno de los riesgos de la exclusividad.

Un día una fémina me confesó que había soñado conmigo, un sueño de esos romántico, de los que provocan el suspiro cuando despiertas. La escuché en su relato y lo que más me impactó fue la descripción del entorno, un despacho con libros, muchos documentos y más pipas. En su sueño tuvo que desarmarme para que sucumbiera en sus brazos, al parecer me arrebató de la mano una pipa de espuma de mar tallada con la cabeza de Ernesto Guevara, El Che, que se destrozó cuando tocó el suelo. En ese punto le pedí que interrumpiese su relato, no quería seguir escuchando, ni que me contase el desenlace... La espuma de mar es tan frágil, que una simple caída puede dar al traste hasta con un sueño...

En otro orden de cosas yo también he soñado con mis pipas, cuando las he deseado y cuando las he poseído. Lo mejor es que en la mayoría de los casos los sueños se hacen realidad. También soñé, con mi primera experiencia, con aquella RB que por los años setenta le regalé a mi padre. No aguantaba el deseo, aunque tenía claro que debía esperar a mi mayoría de edad. No es bueno ser precoz, cada cosa requiere un orden.

En mi imaginación, quizás vencida por el sueño, recreé una disputa entre un cigarro y una pipa. Él era un robusto, no recuerdo la marca, tal vez Montecristo, por el color, y la pipa una Commodore de mi colección, de las que tiene mucha escuela, aquella picada de “masillazo” que siempre que pienso en pipas viene a mi retina. Pipa versus puro: una lucha alucinante. La pipa expuso sus motivos para cautivar mis atenciones, que no eran otros que disfrutar de su textura, su durabilidad y ese valor que siempre perdura. El robusto, cortó aquella exposición, y sólo adujo una razón: la relación que un puro tiene con su fumador es furtiva, no dura más tiempo del que el fumador quiere y además no quedan pruebas de tal encuentro. Aquel robusto aseveró que es la relación perfecta...

“Somos del mismo material del que se tejen los sueños, nuestra pequeña vida está rodeada de sueños”, eso dijo William Shakespeare, y sin ánimo de ponerme a su altura, en la profundidad de sus pensamientos, al menos confieso compartir éste. Cualquier pipa, de esas que conforman mi particular mundo de fumador, me ayudan también a ser un soñador. Sueño con lo que deseo y como siempre deseo ser feliz, despierto para que se hagan realidad mis sueños, al menos éste.

         Agosto de 2007.


Artículo 5

Todo depende del color del cristal con que se mira...


Pipa, poesía y amor
 
En unas vacaciones conocí a alguien que fumaba en pipa, y sabía hacerlo, además también escribía poesía. Fue Gonzalo de Leitza, que andará, paseando sensibilidad, por algún lugar de España, e inundando de humo cafeterías y tascas. Él decía que la pipa le inspiraba, le hacía aflorar su arte sensible, y encadenaba letras para formar sílabas, sílabas formando palabras, que a la vez conformaban sus versos.

En Ayamonte, cuando caía el verano, en septiembre, no era fácil encontrar a alguien que te diera conversación de cierto nivel. A mí, personalmente, me gusta conversar con aquellos que me enriquecen, porque de esa manera mi voluntaria incultura se castiga. Allí en la cafetería del Parador, ante unas vistas del Guadiana que quitan el hipo, encontré a un señor mayor sentado junto a un periódico, una libreta, una pluma, un vaso de amarguiña y una pipa que fumaba como con desconsuelo... Me senté cerca, empuñé mi pipa y le miré hasta que cruzamos la mirada. No tardé en darme cuenta que era alguien especial...

Al igual que a mí le gustaban las pipas curvas, era madrileño de adopción, separado y escritor. Nunca había publicado nada, nunca de él leí nada, tal vez nunca más sabré de él... Me enseñó que fumar en pipa agudiza la sensibilidad, y no lo tuve claro hasta que me invitó a probar su método de la concepción del amor y el cariño. Sin mariconadas, ya que, al parecer, gustaba de mujeres jóvenes y bellas por fuera.

Me pidió que encendiese mi pipa, y fumase con fuerza hasta hacer ceniza de más de un milímetro. Llegado ese momento me indicó que habría de cerrar los ojos con fuerza y pensar en un ser querido, o en la persona amada. Cuando pasaron unos segundos me explicó que lo que había sentido en mi interior, y sí que lo había percibido, era amor...

Gonzalo fumaba así la pipa y tras cerrar los ojos, escribía sus versos. Se inspiraba con la pipa en la boca y se ambientaba con las puestas de sol del río Guadiana, con Portugal al fondo.

Me di cuenta que la pipa, por todo ello, también es amor y poesía...

Desde estas líneas os invito, a vosotros, fumadores de pipa, a poner el hornillo con un milímetro de ceniza, a cerrar los ojos y a pensar en alguien querido o deseado...

Por favor, contadme vuestras experiencias.

          Julio de 2007.


Artículo 4

Comoy´s


Aficiones, pasiones, anécdotas y la pipa
 
Me he preguntado en muchas ocasiones cual de todas mis aficiones, muchas quizás, han marcado mi vida con calado profundo. La fotografía me ha permitido sacar esa vena artística que todos tenemos y que en ocasiones cuesta tanto hacer aflorar. Las motos han marcado mi vida, seguro, para bien unas veces, cuando he disfrutado de salidas, solo o en compañía, y negativamente en las ocasiones en las que alguien conocido ha sido victima de su pasión por las dos ruedas. La caza, heredada, como efusión venatoria y también como pedazo de tierra que me recuerda a esos míos que ya no está. Los perros, cada uno de los que han pasado por mi cama, ya que todos gustan de dormitar con sus dueños, Lis, Cala, Tilo y Jara, me han permitido aprender a amar, ya que ellos dan todo lo que tienen, hasta su vida, sin pedir nada a cambio. Pero ha sido la pipa la que más ha marcado mi vida, sin lugar a dudas, porque me ha enseñado a vivir.

Con más o menos intensidad desde 1977 ha habido una pipa en mi vida, la primera un regalo para mi padre, con la que jugué a ser mayor. No la fumé hasta que no tuve dieciocho, y esa primera vez nunca se olvida... Luego llegó mi idilio con una inglesa, preciosa, arreglada y muy entregada, Comoy´s, con ella supe lo que era el amor de adolescente cuajado, ya que fue testigo de nuestra historia y de las que tuve con otras.

Aquella Comoy´s supo hacerme feliz, me ayudó en momentos de diversión, me acompañó en tiempos de recogimiento, estudio y también viajó conmigo por Europa. Llegó un momento en el que le fui infiel,  ya no era la única que estrechaba entre mis manos, amén de aquellas que requerían de mis brazos...

Tengo, en estos dieciocho años de vehemente utilizador del brezo arreglado, decenas o quizás algún ciento de anécdotas relacionadas con la pipa. He levantado pasiones entre los hombres, ya que en innumerables ocasiones se han acercado a mí para olerme, o quizás al tabaco que quemo. No hace mucho tiempo, tomando un café en un bar, un señor mayor, muy arreglado y educado, se me acercó peligrosamente, ejercitando sus fosas nasales, y preguntándome que a qué olía. No sin cierta preocupación y tensión le respondí que sería "Solo Loewe", el perfume que uso, viendo la mirada atónita de aquel caballero. Después le informé de las bondades de mi tabaco americano preferido...

He vivido momentos difíciles, como el acontecido, tampoco hace tanto tiempo, en una cena de gala de una cadena de radio nacional, cuando a los postres enfundé mi pipa, una de Baulenas, y comencé a disfrutar, a la vez que nos deleitábamos con un espectáculo de magia y humor en penumbra. Compartíamos mesa con gente de gran nivel y poder, entre ellos el director de zona de una multinacional petrolera y su esposa, muy catalana, por cierto, a los que yo daba en igual regocijo. Noté cierto revuelo a mi derecha y cuando tomé conciencia de lo sucedido presencié el desmayo de aquella señora por el humo de la pipa. La culpa no la tuve yo, sino el sistema de refrigeración del salón, que en vez de llevar el humo hacia la catalana debió conducirlo en sentido contrario.Yo no tengo dudas de que la pipa marca mi vida día a día, la sosiega en momentos difíciles y la alegra y adereza en situaciones de bonanza anímica. Es una ideología que propicia una manera de vivir, es la síntesis de ideas fundamentales que una persona precisa para ejercer de humano. Esta es la metafísica de la pipa, aunque estas reflexiones las guardo para un próximo artículo.

                    Junio de 2007.


Artículo 3

Otra forma de ver una pipa

Fumar en pipa alarga la vida

Fumar en pipa es posiblemente uno de los símbolos de un peculiar estilo de vida. Quien fuma en pipa vive más, estoy seguro de ello. Con una buena pipa en las manos, cargada con tu tabaco preferido, el tiempo pasa más despacio, las reflexiones son más intensas, la vida se aprovecha más.

Puede sonar a paradoja, ahora que nos venden el tabaco como uno de los principales desencadenantes de la mortalidad en mundo, aunque nuestras autoridades no nos informan de los ingresos que confieren a las arcas públicas esta doble moral.

Yo me reafirmo en que fumando en pipa vivo más intensamente. Cuando hago una retrospectiva de mi vida puedo ver claramente que las épocas en las que la pipa no ha sido compañera de escenario, estaba más vacío, menos creativo.

¿Alguien conoce a un fumador de pipa infeliz? La respuesta es no. Nadie que ame el mundo de la pipa, y que haya hecho de este mundo una forma de vivir, puede no ser feliz. El fumador de pipa, no tiene prisas, no profesa la ansiedad, el estrés, no tiene tiempo para ello.

Fumar en pipa no tiene más riesgo para malograr nuestra salud, que la polución ambiental y la contaminación de origen industrial. Es una indecencia afirmar lo contrario, ya que no existen argumentos. La intolerancia de nuestra sociedad, para con los fumadores, no es preocupante, ya que también la sociedad es intolerante con los propietarios de mascotas, con los cazadores, con el mundo de los toros. Hablando de toros, como decía “El Gallo”(Rafael Gómez Ortega): “tiene que haber gente pa to...”. La intolerancia, con respecto a mi pasión por fumar en pipa, no es mi problema, en todo caso habrá de serlo de aquellos que tengan algo en mi contra.

                           Febrero de 2007.


Artículo 2

Fumar en pipa es de personas...

Fumar en pipa es de maricones, los hombres fumamos puros...

Esta desafortunada frase la pronunció un importante empresario del panorama nacional y la prensa rosa, del que prefiero no citar su nombre.

Cogía un Cohíba con las manos, con postura torpe, quizás por procurar que se viese la vitola, a la vez que hacía crítica de dos fumadores de pipa que allí nos hallábamos, balbuceando aquella fatídica expresión. Era el preludio de un ingrato día de caza en Sierra Madrona, en el que no faltaron la lluvia, el frío y las malas palabras, amén del despropósito de la incomprensión.

Habíamos desayunado unas buenas migas, como las que hacía mi tío Santiago, mientras esperábamos el sorteo de los puestos, compartiendo espera con la conversación entre amigos, una buena copa y tabaco en sus distintas modalidades del consumo y, en ocasiones, disfrute. Unos tiraban de pitillo, otros de Farias y Brevas, alguno de Cohíba provocativo y  dos de pipa compañera. Cuando la suerte medió en atribución de armada y postura, se paró la fiesta y todos al campo. La lluvia hacía de las suyas, con compañía de frío seco, por paradójico que suene, y apostados a la espera de la fortuna venatoria, divisé, no muy lejos, a mi pecho, al empresario del Cohíba. Yo encendí la pipa, y fumaba con fuerza, a la vez que con el sombrero hacía señas mostrando mi posición. No tardé en ver como, desafiante, intentaba fumar su cigarro, sin dejar de mirarme. Parecía una competición de señales de humo, hasta que por efecto de la lluvia, mi risa afloró: el puro no humeaba, solo chorreaba agua de lluvia, mientras, mis dedos índices y corazón tapaban el hornillo de mi compañera, para esta ocasión una Vauen, impidiendo que pasase el agua. La mañana estuvo tranquila en lo que a caza se refiere.

Terminada la cacería, sin frutos, no cabía la posibilidad de rechazar unas buenas alubias con cochino, con aquella ensalada de tomate y cebolla, de la que me acuerdo hora, tras hora después y cada vez que rememoro la jornada. Acto seguido, café copa y pipa, para los que hacemos alarde de cordura y puro para otros. Yo me senté en un rincón, cerca de la chimenea de leña de encina, y me dedique a escuchar, mientras los que allí se congregaban, mentían y divagaban sobre temas de venatoria. No tardé en oler el humo del Cohíba cada vez más cerca. Allí estaba el potentado, con la postura torpe, no sabía coger el cigarro, cada vez más cerca de mi rincón. No pudo contenerse y me dirigió la mirada y la conversación, siendo conciliador, disculpándose por el desafortunado comentario que hacía mofa de aquellos que gustan de los placeres de personas de su mismo sexo y los fumadores de pipa. Yo siendo educado, le escuché, no sin demasiada atención, hasta que le sirvió de desahogo. Tras ello, le interpelé, y fui rotundo en mi afirmación participándole, que no es más maricón quien fuma en pipa, que quien fuma cigarros sin saber sujetarlos...

Fernando, que así se llama, se dio la vuelta y se ocultó entre la multitud. Minutos después le vi despedirse y marchar. Tras aquella despedida con celeridad, uno de los camareros me entregó una tarjeta en la que el potentado se disculpaba.

Días después y tras mucho meditarlo, le compré una pipa, no muy cara, ni vistosa y se la hice llegar a la dirección que rezaba en aquella tarjeta, con una nota, en la que escribí:

“Apreciado Fernando: espero que te satisfaga. No tengas miedo de probar, a riesgo de que te guste...”

                      Febrero de 2007


Artículo 1

Las pipas también tienen Alma

Las pipas también tienen alma 

Hoy que la persecución al tabaco y al fumador, es la triste realidad de esa doble moral que gasta la Administración, quiero confesar públicamente que soy fumador de pipa. Una doble moral, a la que hacía referencia, plasmada en la afrenta contra el fumador, por un lado, y el aprovechamiento y el cada vez más alto tributo fiscal de los tabacos, por otro.

Hay quienes lo oculta, pero fuman en pipa, ya es hora de “salir de la vitrina”, pero no hacerlo solo. Lo más honesto sería salir acompañado de nuestras pipas. Para pocos fumadores hablaríamos de una, para algunos fumadores de varias, para la gran mayoría de los pipafumadores de muchas...

Fumar en pipa no es en modo alguno un vicio, ni mucho menos una adicción: es una forma de vida, cuando menos. Es la esencia de la vida de muchos, también una vía de escape a la monotonía, y una afición para otros.

Unos quedan con sus amigos para salir de cañas, un grupo de personas compuesto por una, dos, tres o quizás más. El fumador de pipa queda con su pipa, su atacador, su tabaco y su encendedor para vivir un momento íntimo, una fumada, distinta unas de otras, nunca ninguna igual.

De los accesorios, el atacador y el encendedor, amén de ceniceros, posapipas, y demás artilugios, sólo tengo que decir, eso, que son accesorios... El tabaco es tan perjudicial para la salud, como tantos otros elementos cotidianos, tales como, por ejemplo, la contaminación industrial, que respiramos día a día, y sobre la que no leemos cosas tan tremendas como, la contaminación industrial puede matar, la contaminación industrial produce cáncer, y tantas atrocidades de las que con toda seguridad es responsable. Para algunos, como es mi caso, el tabaco también es un hobby, pasamos, incluso años, mezclando, aromatizando y curando nuestros tabacos para disfrutarlos en esa combustión controlada que es la fumada en pipa.

El elemento clave de todo esto, no es otro que la pipa. Una pipa no es sólo un trozo de madera de brezo, que son las únicas que me gusta, con la excepción de alguna de espuma de mar que poseo. Una pipa es algo más que esa materia inerte, para algunos, que sirve para quemar tabaco: es la conjunción de lo que fue la raíz de una planta viva y la maestría, también en ocasiones arte, del fabricante o artesano de la misma, hasta culminar en el útil que vemos y tocamos.

La pipa es madera que tuvo vida, y como en el caso del famoso cuento de  Pinocho, la elaboración y la mano del hombre y sus herramientas se la devuelven.

En ocasiones dudo que mis pipas tengan vida, no lo puedo aseverar, pero sé que la han tenido, y eso se percibe en cada calada, cuando la tocas y esta caliente, sin saber si es por efecto de la combustión del tabaco, o porque su corazón, o lo que tuviese, aun late. No estoy seguro que les quede resquicio de su existencia vital, aunque se percibe en su calor cuando las sostengo en mis manos o las apoyo en mis mejillas...

Debo tener como medio centenar de ellas. Las conozco a todas, incluso de memoria, si cierro los ojos puedo verlas, una a una. Estoy seguro que ellas también me conocen, que sabrían distinguir mis manos, y mi boca de las de otros. No hay ninguna igual a otra, son todas distintas: redondas, cuadradas, largas, lisas, rugosas, también cálidas, frías, agradecidas, receptivas y alguna ingrata.

Las pipas no se compran, sería una barbaridad. Yo adopto a mis pipas, unas con el pretexto de ser un regalo y otras porque, de manera personal, hago los trámites. Alguna de ellas también la he deseado, diseñado y hasta engendrado, viéndola nacer, y crecer, puliéndola y educándola hasta que estaba lista para ser fumada.

Como todos los fumadores de pipa tengo mis preferidas, y dentro de ese gran grupo, gran familia, que algunos llaman harén, unas me gustan más que otras. No es fácil elegir con cual de ellas quieres hacerlo, ya que fumar con cualquiera de ellas supone mucho para ambos. La pipa elegida queda marcada para toda la vida, la combustión en su interior, y hasta la marca de tus dientes sobre la boquilla, conformarán que no sea para ellas una experiencia más. Para el fumador, dependerá del resultado de la fumada, no siempre se cumplen las expectativas, ya que en ocasiones alguna te defrauda y te paga con una velada fría, o demasiado caliente, sin dejarte plenamente satisfecho. No es fácil decidir con cual hacerlo...

Cuando la elección ha sido la adecuada, casi siempre es con pipas que ya conoces, y que ella también te conoce a ti, la fumada no es solo eso, es un encuentro a otro nivel, más místico. La pipa siente y tu también lo haces. Ese sentimiento se fusiona y existe ese entendimiento entre ambos, que es indescriptible y que solo es percibido por los piperos más experimentados. Hasta que yo mismo observé que sentía algo, pasaron años, aunque me daba cuenta que con mis pipas había empatía, pero me faltaba la identificación de ese sentimiento.

Mis pipas sufren cuando no las fumo, cuando las condiciones ambientales no son las adecuadas, también sienten el repudio... A veces, las veo que cambian de color: cuando hace frío su color es más claro, si hace calor se oscurecen. No todas se comportan de la misma manera, aunque la mayoría son complacientes y se prestan a procurar buenas fumadas, otras son ingratas, desagradecidas e incluso egoístas. Una vez, una de mis pipas se rajó en la primera fumada, cualquiera pensaría que su elaboración no había sido la correcta, pero yo sé que no quería estar conmigo, esa madera no estaba hecha para mí.

Siendo realista, he de admitir que no tienen vida, pero nadie puede negarme, que un día su madera la tuvo, y de lo que sí estoy seguro, es de la existencia del alma de todas y cada una de mis pipas. Las pipas tienen alma, y es esa sustancia espiritual, inmortal, que les confirió su origen vivo.

Fumar no es un delito, y fumar en pipa lo sería aun menos.

            Diciembre de 2006.


© Pedro A. Adán Fernández     -     p.adan@pedroadan.es